9/4/14
2/4/14
APRENDIZAJE CONECTADO EN RED (Curso PLE)
22/2/12
AVELINO HERNÁNDEZ
(Texto leído en las Primeras Jornadas Culturales de Cuadernos del Salegar, en Quintana del Pidio-Burgos, Agosto del 2003)
Para Avelino Hernández lo importante era la vida y lo más importante de la vida, el amor. Avelino era un buceador incansable. Buscaba vida dentro de la vida y cualquier manifestación de ella le interesaba y por ello a todos sus amigos nos gustaba estar a su lado, era difícil que su amistad se limitara a un solo miembro de la familia, cuando Avelino se acercaba a una persona acababa siendo amigo de todo su entorno, por ello cuando le conocí, no en Castilla sino en La Mancha, hace seis años supe que tenía que traerlo a Quintana. En encuentros sucesivos, nunca se lo dije, pero aprovechando una visita a Aranda, en mayo del año pasado, para charlar con unos jóvenes de 16 y 17 años que habían leído uno de sus libros, le impuse que la comida tenía que ser en Quintana y no en Aranda, él se mostró encantado, amaba los pueblos y sus gentes, y cuando llegó a Quintana se interesó por igual de padres, hijos, abuelos y nietos, todos captaban su interés y la importancia que a cada uno otorgaba le era correspondida con una admiración y cariño sin límites.
Y ahora que te recordamos, hace poco más de un año exactamente, recuerdo que me decías “volveré a Quintana con más tiempo, quiero pasear por sus calles y sus tierras, quiero conversar con sus gentes” Pues ya ves, nos hemos tenido que reunir sin ti y cuando te comenté la posibilidad de volver a encontrarnos a finales de febrero pasado me decías:
- Vais a tener que reunirnos sin mí. He suspendido un viaje a Quintana y a Soria en la que iba a echar el tejado en la casa de mis padres para que durara 250 años más y es que como es bien sabido los dioses son celosos y han decidido castigar tanta soberbia endosándome un cáncer en el riñón derecho que ya anda con metástasis en el hígado y no sé dónde más. Total que mañana me encierro conmigo mismo –y con Tere-, con una inyección de interferón a ver si al cabo de tres meses de hacerme polvo consigo haberle ganado algo de terreno; mucho parece que no va a ser posible porque estadísticamente dicen los médicos que es irreversible.
Y entonces, pensamos que ésta era una de esas veces en las que se equivocan los médicos. Pero no. No se equivocaron.
Y esta noche, aquí en Quintana, te recordamos y recordamos que atrás queda tu paso por las calles de este pueblo, y atrás queda tu obra, pero sobre todo atrás queda tu forma de ser y tu recuerdo, atrás Soria, los pueblos de Castilla, Quintana entre ellos, atrás tu refugio perdido en la sierra de Gredos hacia donde te fuiste tras la última tarde aquí en Quintana y atrás los últimos años en Mallorca. Ahora solamente nos queda seguir tus consejos, hacerte caso y tener siempre presente que lo importante es vivir, aunque sea más jodido sin tu presencia, pero ten seguro que aunque nos cueste lo intentaremos.
Y para finalizar quiero recordarte dando unos de tus consejos a esta gente que esta noche te recuerda:
Si cayeras por estas tierras:
Vuélvete a mirar atrás, desde el recodo de la cuesta, al marcharte de un pueblo hecho en valle, en cerro o en ladera.
Toma cuanto jamón, chorizo y pan de hogaza te ofrecieren. Y bebe en todas las fuentes.
Escucha la codorniz y la calandria en primavera, los tordos en otoño, el cierzo si es invierno y las esquilas y el balar de los rebaños en cualquier lugar y tiempo.
Habla con todos los viejos que te encuentres.
Ayudar a “mirar” los textos
Para enseñar a los alumnos a componer un texto no basta con informarles de cómo se hace: cuáles son las características de la clase de texto que van a escribir, cómo se estructura, cuáles son sus principales rasgos lingüísticos y paralingüísticos. Todo esto es insuficiente. Incluso si se ilustra con un ejemplo. Incluso si el ejemplo es bueno.
Es necesario que los alumnos aprendan a identificar estas características examinando, con nuestra ayuda, varios textos de la misma clase que el que van a componer. Estas características son las que habrán de tener en cuenta en su composición.
Pero para ayudarles a mirar los textos y a ver cómo están hechos, es necesario que nosotros los hayamos analizado previamente, y que sepamos qué es lo relevante en ellos.
¿Y cómo sabemos qué es lo relevante en un texto? Nos ayudan los conocimientos que nos proporciona la lingüística textual, aunque los textos reales que los alumnos han de aprender a componer no se corresponden exactamente con los tipos de textos descritos por las tipologías textuales. Los textos que usamos en los diferentes ámbitos de la actividad social son noticias, notificaciones, convocatorias, reglamentos, poemas, informes, columnas de opinión, etc., es decir géneros de textos. Las tipologías textuales nos sirve –a los profesores- para “iluminar” algunas zonas de un determinado género, pero otras quedan a oscuras si la única lámpara de que nos servimos son los tipos de texto.
Necesitamos, por tanto, descripciones específicas para cada género textual. Y si no contamos con ellas, o no han sido elaboradas para el ámbito escolar, tendremos que elaborarlas o adaptarlas a partir de nuestros conocimientos lingüísticos.
Imaginemos que el texto que vamos a enseñar a componer es una carta al director. E imaginemos también que contamos con un contexto real que da sentido y justifica esta actividad: un hecho de actualidad sobre el que los alumnos van a opinar, una situación por la que se quiere protestar, un comportamiento que merece sus criticas (o su elogio), etc. Tenemos lo más importante: un motivo para escribir, algo que comunicar y una actitud que expresar. Pero esto no basta: los alumnos también han de conocer las características del género de texto que van a componer. Han de leer cartas al director que les sirvan de modelo y han de analizar –con nuestra ayuda- sus características.
Pero, ¿cómo les ayudamos?
En primer lugar, debemos analizar nosotros los textos y seleccionar los rasgos que nos parezcan más relevantes. Y a partir de este análisis, hemos de elaborar algún instrumento que ayude a los alumnos a mirar los textos, a extraer las informaciones que necesitan y a organizarlas. Este instrumento –que puede tener la forma de una ficha de observación- servira más adelante también como ficha de control para la revisión del texto, durante y al final del proceso-.
Estas ideas son conocidas. Están basadas en muchos estudios sobre la enseñanza de la composición escrita. Pero he querido exponerlas aquí, porque mañana voy a tratar de todo esto en el Máster de Secundaria, y quiero asegurarme de que quede claro (aun con el riesgo de que se confunda la transparencia con la simplicidad).
En relación con todo esto, pondré un enlace con un trabajo de Anna Camps que está disponible en la Red, pues me parece de lectura obligada, Proyectos de lengua entre la teoría y la práctica.
(En la presentación, una recapitulación de ideas clave sobre el proceso de la composición de textos).

